Cada día, a todas horas, nos tratan de vender la moto de que vivimos en una sociedad de bienestar, donde el progreso y la evolución nos conducen a una vida donde abundan las satisfacciones. Si hablamos con nuestros mayores frecuentemente podemos escuchar aquello de: ¡nada más sabéis que quejaros!, ¡no tenéis ni puta idea de lo que es trabajar!, ¿te gustaría vivir como los del tercer mundo?, ¡Estamos mejor que queremos! ¡Como aquí no se vive en ningún lugar!.
No es por llevar la contraria, posiblemente algunos de los interlocutores hasta lleven razón, pero si uno se detiene a pensar, rápidamente se le vienen a la cabeza una serie de cuestiones sobre las que cabe reflexionar:
- ¿Por qué hay que trabajar cada vez más y en condiciones más precarias para poder comprarse una vivienda digna?
- ¿Por qué hacen falta dos sueldos y un préstamo de 3 décadas para poder pagarse una vivienda, cuando hace 20 años, con un sueldo era suficiente?
- ¿Por qué es necesario dedicar más horas al trabajo?
- ¿Por qué se consiente el sobreendeudamiento, gastar por encima de sus propios ingresos, convirtiéndonos en rehenes del sistema?
- Si estamos evolucionando, ¿por qué la vida de los coches, electrodomésticos, móviles y otros aparatos es cada vez más corta?
- ¿Por qué las estructuras familiares se están rompiendo de forma alarmante?
- ¿Por qué la gente cada vez está más sola?
- ¿Por qué los ancianos están condenados a vivir en soledad?, ya que su familia no puede hacerse cargo de ellos y no disponen del dinero suficiente para pagarse una plaza en una residencia.
- ¿Por qué en esta sociedad avanzada la población no vive de una forma sana? aumentando continuamente las enfermedades derivadas de la adicción al consumo alimenticio, drogas, estrés, etc.,
- ¿Por qué se disparan las estadísticas en cuanto al número de individuos que necesitan atención psicológica?
- ¿Por qué se aceleran los índices de violencia y de delincuencia?
- ¿Por qué cada vez tenemos menos tiempo que dedicarnos a nosotros mismos y a lo que verdaderamente es importante?
Mi opinión personal es que vivimos en una sociedad de bienestar ficticia, en la que ni siquiera podemos criticar, estamos permanentemente confundidos por los medios de comunicación que nos absorben durante horas con un mensaje preciso y directo: cuanto más tengamos y más consumamos, más felices seremos, y donde los lujos se convierten en necesidades que tanto hombres como mujeres deben adquirir para no perder el status, en ese dichoso ente denominado “mercado” competitivo convirtiéndonos de esta forma en víctimas o esclavos del propio sistema.