lunes, 13 de diciembre de 2010

Las “profecías” de Libertad Digital, Esperanza Aguirre y Rajoy

Recorrer las letrinas mediáticas no resulta agradable. Conviene taparse la nariz para caminar entre recuas de chiflados que se regodean en el mal ajeno, y cuyo disfraz ideológico es solo una tapadera de intereses egoístas y de alarmantes dosis de insania, maldad, fobias, paranoia y fanatismo.
Ahora bien, si uno se pertrecha de humor puede disfrutar el hechizo de la hilaridad. Acabo de vivir uno de estos momentos mágicos al leer “El milagro económico irlandés”, artículo “profético” excretado en pleno gobierno aznarino en la web Libertad Digital.
De no ser por los perniciosos efectos de las drogas, recomendaría leerlo tras fumar un canuto. En sus líneas se asegura que Irlanda “se ha situado en una senda de prosperidad casi inalcanzable”. También se afirma que “la exitosa política económica irlandesa debe servir como ejemplo para nuestro país”.
El artículo se fundamenta sobre manidas frases engañabobos: “moderada carga impositiva”, “asombroso desarrollo”, “medidas liberalizadoras”, “abrir fronteras” (a los capitales, claro), “economía libre”, “alocada expansión del gasto público”, “frenar el gasto” “incentivar el crecimiento reduciendo impuestos”…en fin, los típicos mantras neoliberales que asocian lo público con una “carga”, “rigidez” o “presión” y lo privado con un “alivio”, “flexibilidad”, “crecimiento”, etc .
Algún día, la mayoría de la población aprenderá, por fin, que todo este lenguaje está al servicio de codiciosos sin escrúpulos para engaño de crédulos y soplagaitas. Deseo—aunque lo dudo—que ese día no llegue demasiado tarde.
Aquellas “profecías” de Libertad Digital, ¡cómo no! fueron jaleadas por la condesa Esperanza Aguirre. “El milagro económico irlandés tuvo su origen en políticas neoliberales”, afirmó inflamada de gozo hace poco. Rajoy, entre siesta y siesta, también loaba las virtudes de las “recetas liberales”. Pero tras los fuegos artificiales siempre queda la negra noche…
Y surge la pregunta, ¿cómo se lograron aquellos fuegos artificiales? Básicamente mediante la atracción de empresas extranjeras reduciendo salvajemente el impuesto de sociedades, facilitando la evasión fiscal, disminuyendo los tributos a los ricos, entregando el país a multinacionales, eliminando controles, reduciendo los salarios de los trabajadores, aniquilando la cohesión social… en suma, dar carta blanca a los bancos e hipertrofiar el sector financiero.
Como consecuencia de las “medidas liberales” millones de irlandeses deambulan hoy por las calles, sin cobertura social, alcoholizados, sin futuro. Los beneficios son disfrutados por multimillonarios muy, muy lejos de aquel país… ¡este es el modelo profetizado por la caverna mediática como una “senda de prosperidad inalcanzable” y por el cual suspira el Partido Popular! …Y esta es la negra noche que siempre queda tras los fuegos de artificio neoliberales.
Puede que algún día todos los ciudadanos se enteren de que en la economía siempre subyacen los intereses, los deseos, la codicia y la mano de los hombres. Y esto, evidentemente, hay que controlarlo porque no suele orientarse hacia el bien común. Lamentablemente, mucho me temo que la mayoría prefiera instalarse en el autoengaño o en la estulticia. Las últimas encuestas sobre intención de voto en España apuntan en esa dirección.
En realidad, el neoliberalismo cacareado por Esperanza Aguirre, Aznar, Rajoy, y los monosabios de la caverna no es más que la reproducción a gran escala del delito de estafa, esto es, la promesa de grandes beneficios, acompañada de unas ganancias iniciales, pero sin otra intención que arrebatar después mucho más de lo que se dio al principio. Cuando la víctima grita “me han timadooo”, ya es demasiado tarde. Los irlandeses comienzan a comprender el timo… los españoles llevamos camino de abismarnos en él.

Gustavo Vidal Manzanares es jurista y escritor

viernes, 29 de octubre de 2010

¿Sociedad de Bienestar?

Cada día, a todas horas, nos tratan de vender la moto de que vivimos en una sociedad de bienestar, donde el progreso y la evolución nos conducen a una vida donde abundan las satisfacciones. Si hablamos con nuestros mayores frecuentemente podemos escuchar aquello de: ¡nada más sabéis que quejaros!, ¡no tenéis ni puta idea de lo que es trabajar!, ¿te gustaría vivir como los del tercer mundo?, ¡Estamos mejor que queremos! ¡Como aquí no se vive en ningún lugar!.

No es por llevar la contraria, posiblemente algunos de los interlocutores hasta lleven razón, pero si uno se detiene a pensar, rápidamente se le vienen a la cabeza una serie de cuestiones sobre las que cabe reflexionar:
  • ¿Por qué hay que trabajar cada vez más y en condiciones más precarias para poder comprarse una vivienda digna?
  • ¿Por qué hacen falta dos sueldos y un préstamo de 3 décadas para poder pagarse una vivienda, cuando hace 20 años, con un sueldo era suficiente?
  • ¿Por qué es necesario dedicar más horas al trabajo?
  • ¿Por qué se consiente el sobreendeudamiento, gastar por encima de sus propios ingresos, convirtiéndonos en rehenes del sistema?
  • Si estamos evolucionando, ¿por qué la vida de los coches, electrodomésticos, móviles y otros aparatos es cada vez más corta?
  • ¿Por qué las estructuras familiares se están rompiendo de forma alarmante?
  • ¿Por qué la gente cada vez está más sola?
  • ¿Por qué los ancianos están condenados a vivir en soledad?, ya que su familia no puede hacerse cargo de ellos y no disponen del dinero suficiente para pagarse una plaza en una residencia.
  • ¿Por qué en esta sociedad avanzada la población no vive de una forma sana? aumentando continuamente las enfermedades derivadas de la adicción al consumo alimenticio, drogas, estrés, etc.,
  • ¿Por qué se disparan las estadísticas en cuanto al número de individuos que necesitan atención psicológica?
  • ¿Por qué se aceleran los índices de violencia y de delincuencia?
  • ¿Por qué cada vez tenemos menos tiempo que dedicarnos a nosotros mismos y a lo que verdaderamente es importante?
Mi opinión personal es que vivimos en una sociedad de bienestar ficticia, en la que ni siquiera podemos criticar, estamos permanentemente confundidos por los medios de comunicación que nos absorben durante horas con un mensaje preciso y directo: cuanto más tengamos y más consumamos, más felices seremos, y donde los lujos se convierten en necesidades que tanto hombres como mujeres deben adquirir para no perder el status, en ese dichoso ente denominado “mercado” competitivo convirtiéndonos de esta forma en víctimas o esclavos del propio sistema.

viernes, 23 de abril de 2010

La Batalla de Villalar: Castilla entera se siente comunera


El 23 de Abril de 1521, en la localidad que hoy en día es conocida como Villalar de los Comuneros, tuvo lugar la batalla de Villalar. Esta batalla, sin ser una de las grandes batallas de la historia de España, fue la más significativa de la Guerra de las Comunidades que enfrentó las fuerzas de la Junta Comunera con Juan de Padilla, Juan Bravo y Francisco Maldonado al frente y las fuerzas imperiales de Carlos I.
Pero para poder comprender las causas de esta batalla nos tenemos que remontar a 1504, año en el muere Isabel la Católica y el país entra en un periodo de inestabilidad política. En Octubre de 1517, un año después de la muerte de Fernando el Católico, llega a España Carlos I tras haberse autoproclamado rey de sus posesiones hispánicas.


I: Retrato de Carlos I
Asistió a las primeras cortes en 1518 sin hablar casi castellano, y trajo junto a él un gran número de nobles y clérigos de Flandes como corte, lo que supuso una amenaza al poder de las élites sociales castellanas ya existentes. Este descontento rápidamente se extendió entre todas las capas sociales, comenzando a aparecer en ese mismo año las primeras protestas sociales a modo de pasquines en las iglesias que decían: “Tú, tierra de Castilla, muy desgraciada y maldita eres al sufrir que un tan noble reino como eres, sea gobernado por quienes no te tienen amor“.
En 1520, aprovechando la regencia de Adriano de Utrecht y la ausencia de Carlos I del reino, estalla la revuelta comunera en Toledo, a la que rápidamente ese mismo año se unen varias ciudades castellanas, entre las que se encontraban Ávila, Toro, Segovia, Salamanca, Palencia, Medina del Campo, Valladolid o Burgos. En Ávila, el 29 de julio de ese mismo año se nombra general de la Junta Comunera a Juan Padilla.

II: Retrato de Juan de Padilla
Los comuneros pensaron en Juana “la loca” como sustituta de Carlos I, por lo que trasladan la junta a Tordesillas donde ésta se encontraba prisionera. Ante la negación de Juana de aceptar la propuesta comunera, la estrategia comunera cambió buscando en este caso la negociación con el bando imperialista. Pero antes de que esta negociación se llevara a cabo, los nobles vieron peligrar aún más sus puestos con todos los campesinos unidos a la revuelta comunera, razón por la cual se cambiaron al bando imperialista.
Fue entonces cuando la verdadera guerra comenzó, primero con la toma de Tordesillas y Burgos por parte del bando imperialista, y la toma de Torrelobatón por parte del bando comunero. Ante el asedio de Torrelobatón, Padilla se siente presionado por lo que se ve forzado a salir de su fortín en busca de refuerzos.
En la lluviosa madrugada del 23 de abril de 1521 Padilla sale de Torrelobatón al frente del ejército comunero hacia Toro, ciudad perteneciente al bando sublevado. A la altura de Vega de Valdetronco el ejército imperialista ya estaba cerca, por lo que ante la inevitable batalla, Padilla decidió buscar un lugar favorable para la lucha, siendo Villalar el lugar elegido.
El ejército comunero se encontraba en inferioridad, por lo que forzó que la batalla se produjera dentro del pueblo, donde les dio tiempo a instalar cañones en las distintas calles. Ante la incertidumbre inicial, varios sublevados aprovecharon para huir de la batalla dejando el bando sublevado aún más disminuido.

III: Estatua de Juan Bravo en Segovia
La batalla fue desigual y se convirtió en una gran masacre que duró toda la tarde del 23 de abril. A la noche, únicamente sonaban los gritos de algunos comuneros gravemente heridos que yacían en el campo mientras eran rematados por el bando imperialista. Los cabecillas de la revuelta, Padilla, Bravo y Maldonado, fueron apresados vivos y recluidos para ser ejecutados un día después.
La noticia de la ejecución de los cabecillas corrió rápido entre las ciudades levantadas, que poco a poco se van rindiendo, siendo Toledo la única resistencia con María Pacheco, mujer de Padilla, al frente, aguantando hasta junio de 1521. Siendo su caída el final de la Guerra de las Comunidades.
El 16 de julio de 1522, Carlos I regresó a España e instaló su corte en Palencia. Con ello, la represión contra los ex-comuneros se intensificó hasta que a finales de octubre se trasladase a Valladolid donde promulgó el Perdón General el 1 de Noviembre de 1522, dando la amnistía a 293 comuneros, y terminando con la persecución.
Estos hechos fueron recordados durante siglos por dos monolitos, ubicándose uno en la plaza de Villalar y otro en el lugar de la batalla, y Villalar poco a poco fue adoptando en calificativo “de los Comuneros”. Con el paso de los años, Villalar se comenzó a considerar la cuna del nacionalismo castellano, así como símbolo de la lucha de los pueblos por la libertad.

IV: Monolito en la Plaza de Villalar
En el año 1821, Juan Martín Díez “El empecinado” organiza con unos compañeros una expedición a Villalar en busca de los restos de Padilla, Bravo y Maldonado. Pese a no llegar a encontrar nunca los restos de los líderes comuneros, el día 23 de abril de ese mismo año celebran en la plaza de Villalar el primer acto homenaje a los comuneros. Años más tarde, con el nacimiento del sentimiento nacionalista, se celebra la primera Fiesta de los Comuneros el 23 de abril de 1889.
En 1920 el Ayuntamiento de Santander propuso por primera vez que las corporaciones castellanas celebrasen el 23 de Abril el cuarto centenario de los Comuneros de Castilla, y años más tarde se intentó que esta celebración tuviera un carácter anual, pero con las dictaduras de Primo de Rivera y Francisco Franco esta celebración quedaría relegada a un ambiente clandestino.
A comienzos de la década de los 70, coincidiendo con las primeras actividades antifranquistas se funda en Valladolid la librería Villalar, cuyo nombre homenajea simbólicamente las libertades castellanas. En esta librería se presentaría ese mismo año el poema “Los Comuneros” escrito por Luis López Álvarez, obra que se convirtió en referencia del autonomismo castellano. Este poema fue adaptado en 1976 por el grupo folk Nuevo Mester de Juglaría, y “Castilla: Canto de Esperanza“, el último tema de ese disco homenaje, se convertiría en el himno oficioso de Castilla.

V: Nuevo Mester de Juglaría – Los Comuneros
En 1976 se convoca de forma clandestina la primera concentración en Villalar de los Comuneros tras más de 40 años, llegándose a concentrar 400 personas convocadas por el Instituto Regional Castellano-Leonés. En aquella ocasión los congregados fueron disueltos por la Guardia Civil, pero un año más tarde esta concentración se repetiría concentrando cerca de 20.000 personas.
A finales de los 70 y principios de los 80 esta celebración alcanzó su máximo esplendor, llegando a congregar a cerca de 200.000 personas, convirtiéndose en un hecho referente del sentimiento comunero y el sentimiento castellano. No sería hasta el año 1986 cuando el 23 de Abril por fin alcanzaría su carácter oficial pasando a convertirse en el día de la comunidad de Castilla y León.
Fuentes y más información:


Quien olvida sus raices, pierde su identidad